Castillo de Blanca

Espectacular frente oriental. Del resto del castillo poco ha quedado.

Se encuentra sobre un grupo de rocas, a 222 m. de altura, conocidas como la Peña Negra, dominando el caserío desde el Norte y el paso por el río Segura, que corre a sus pies. Se llega hasta él por una escalinata de reciente construcción que comienza en la parte alta del pueblo. Existen rótulos indicativos.

Su estado es muy malo. Apenas lo único que queda es su espectacular frente oriental. Afortunadamente fue restaurado en el año 2006.

 

 

 

 

El castillo visto desde el Norte.

El muro septentrional fue reconstruído en 2006.

Castillo roquero de planta irregular adaptada al espacio disponible entre las rocas, con un solo recinto. Tuvo un recinto más amplio, posible albácar, del que no quedan restos. Cuenta con una torre avanzada sobre una loma que le hace de padrastro, unos 60 m. al Este. El castillo presenta una longitud de 40 m y una anchura máxima de 16, encerrando una superficie de 550 m2 aproximadamente. Su parte más destacada es su frente Este, que defiende el punto más débil del castillo, su acceso y una loma elevada que tiene enfrente y que para que no pudiera ser utilizada en su contra, se fortificó con una torre con un pequeño recinto. Esta torre parece de planta cuadrada (5’5 m). El frente oriental está formado por tres cubos cuadrangulares unidos por una cortina, siendo el del medio un poco más pequeño. Todo el conjunto tiene la misma fábrica. El muro tiene un espesor de 90 cm. y se puede ver con claridad, los huecos de las agujas y las cajas del tapial. Hay autores que aseguran que estuvo almenado y que contó con aspilleras, pero nada de eso queda y es difícil asegurarlo. Los tres cubos son huecos en su parte interior. Se dice que en su interior existía un aljibe excavado en la roca, pero nosotros no encontramos nada. Los escasos restos que quedan del castillo a excepción del frente oriental, son de mampostería.

 

 

 

Parte interior del frente oriental.

 

 

 

Cubo Noroeste.

 

 

 

 

Lienzo de tapial junto a uno de los cubos.

 

 

 

El recinto del castillo debe haber sufrido fuertes procesos erosivos.

Se construyó entre 1180 y 1210, según las pruebas del carbono-14 de las agujas de su tapial, por lo que se levantó durante la ocupación almohade (1172-1228). Luego tuvo un papel destacado en el levantamiento de Yusuf Ibn Hud, el rey musulmán de Murcia, contra los invasores almohades. Con el pacto de Alcaraz (1243), por el cual daba comienzo el llamado protectorado castellano sobre el reino de Murcia, todo el valle de Ricote pasó a manos del noble castellano Enrique Pérez de Arana, y bajo la tutela directa de su gobernador, Pedro Peláez de Contreras. Algún tiempo después, Alfonso X el Sabio incorporó este territorio a la jurisdicción del concejo de la ciudad de Murcia. El traspaso a la Orden de Santiago llegó a finales del siglo XIII, con una decisión de Sancho IV, quien hizo entrega a la poderosa orden militar de todo el valle de Ricote, como compensación por la ayuda recibida en las divergencias con su padre Alfonso X. Donación que fue confirmada en Sevilla el lunes 19 de noviembre de 1285. Poco tiempo disfrutó la Orden de Santiago de la posesión de Negra ya que al apoderarse Jaime II de Aragón del reino murciano hizo entrega de la villa y castillo de Negra a Bernardo de Sarriá, como pago por los servicios que le prestaba en hacer volver a los santiaguistas rebeldes al servicio de Aragón. Don Fray Juan López, comendador de Ricote solicitó a Jaime II su devolución a la Orden de Santiago, a lo que accedió el 3 de septiembre desde Cariñena, entregándolo por fallecer el comendador, a Artal de Huerta, comendador de Montalbán. Juan Osores, Maestre de la Orden de Santiago, no estuvo conforme y solicitó su devolución y la de todas las posesiones de la Orden en el reino murciano.

 

 

 

 

 

Muro Norte, reconstruído.

 

 

Imagen del frente oriental antes de su restauración.

Durante el siglo siguiente, la antigua denominación islámica de Negra trocaría por la actual de Blanca. Este lugar, incluído completamente en la encomienda santiaguista, se benefició de la política de potenciación de la agricultura que llevaron a cabo los frailes de la orden a través del asentamiento de agricultores mudéjares. El castillo, convertido en el símbolo del poder señorial de la orden sobre el valle y sus pobladores, había de protagonizar un sonoro hecho de armas a mediados del siglo XV, en el contexto de la guerra civil murciana y los enfrentamientos entre el adelantado don Pedro Fajardo y su cercano pariente don Alonso Fajardo “el Bravo”. Así, en 1448, se dirigió una acción bélica contra la fortaleza en la que se utilizaron algunos ingenios de artillería, alimentados con ocho arrobas de pólvora comprada en Orihuela. Y este fue el hecho más destacable que protagonizó el castillo de Blanca. A partir del siglo XVII fue abandonado.

 

 

 

Restos de la torre avanzada.