Sus restos se pueden encontrar en el cerro rocoso de 1.154 m de altura, que domina la población desde el Suroeste. En el momento de nuestra visita (junio 2026) su ascenso era muy complicado debido a la ausencia de accesos y a la proliferación de vegetación.
Prácticamente desaparecido. Del excepcional e histórico castillo tan solo quedan algunos restos dispersos en muy mal estado. Fue destruido por completo por el general Espartero tras el asedio de 1840, durante la Primera Guerra Carlista.
Situación actual del castillo.
Grabado de 1845 en que se observa el castillo visto desde el camino de Cortes de Aragón.
Los restos del castillo se mezclan con restos de construcciones modernas como cobertizos, corrales y un palomar.
Castillo roquero de planta irregular adaptada al espacio disponible entre las rocas que no es mucho. En contraposición a sus escasos restos nos han quedado numerosos planos y buenas descripciones del castillo, debido a las acciones bélicas acometidas por los dos bandos durante la Primera Guerra Carlista.
Destacaba una gran torre rectangular en su parte más alta, considerada como el Homenaje, que contaba con tres plantas, y cuatro recintos escalonados. Se sabe que en la planta baja de la torre se albergaba la tropa, en la planta primera estaba el cuarto del Gobernador y en la última se almacenaban armas y pólvora.
Adosado a la torre estaba el recinto superior, de planta poligonal, que ocupaba la parte central del cerro. Este recinto estaba reforzado con artillería. Constaba de un patio escalonado en varios niveles (para adaptarse a la cresta rocosa), el aljibe, con capacidad para 2.000 pies cúbicos de agua, y un edificio de dos plantas en el lateral occidental. Este edificio contaba con un gran almacén, otra sala para albergar la tropa y un polvorín excavado en la roca. Había una torre cuadrada con las letrinas.
Adosado por el Sur al recinto superior, se encontraba el recinto medio, de planta rectangular y a nivel mucho más bajo. Poseía numerosas troneras en sus muros y un espacio de letrinas.
Debajo, en la ladera Noreste, encarado hacia el pueblo, se encontraba el recinto inferior, en pendiente y más irregular. En él se encontraban las cuadras, el horno y las cocinas. En tres de sus esquinas había torreones circulares, además de una torre cuadrada que protegía la puerta. Los muros de las torres circulares estaban perforados por troneras, mientras que todo el adarve y el remate de las propias torres contaba con numerosas aspilleras para fusiles. Junto al torreón circular oriental se situaba la puerta de acceso adintelada, a la que se llegaba por una empinada rampa.
En el extremo Sureste había un último recinto del que se indica que era una muralla medieval arruinada.
Plano antiguo del castillo.
Según crónicas de la época, las comunicaciones interiores del castillo eran “penosísimas, la mayor parte con escaleras de mano que hacen imposible el que la artillería se traslade de unos puntos a otros a no ser subiéndolas o descolgándolas por encima de las mismas murallas”. A pesar de su robustez y de las reformas realizadas, no era una construcción diseñada para soportar un intenso bombardeo con la potente artillería de la que disponía el ejército liberal. Aun así, los daños ocasionados fueron limitados.
Dibujo del castillo realizado por el ingeniero liberal Antonio Sánchez Osorio en marzo de 1839.
Restos desperdigados en el flanco Suroeste.
Base cuadrada de alguna construcción.
Jambas de una puerta.
Basamento de la torre circular Noroeste, con fábrica de buena sillería.
Castillo musulmán del siglo IX. En el siglo XII tuvo por tenentes a Rodrigo de Estada en 1189, y a Miguel de Luesia en 1212. Durante mucho tiempo formó frontera, por lo que se vio envuelto en numerosos combates en la Edad Media. En 1430 una partida de soldados castellanos puso sitio a este castillo, donde estaba la esposa del belicoso infante don Enrique. Pasó por diversas manos hasta acabar en el poderoso Condado de Luna. Fue confiscado por la Corona en 1430 por la caída en desgracia de Fadrique de Luna. Ya en el siglo XVI estaba en poder del converso Luis Sánchez, tesorero de Fernando el Católico y de Carlos I. Ya como “Señor del Honor del Comun de Huessa y Varonia de Segura y villa de Alacón”, Luis Sánchez acometió una costosa renovación de la fortaleza, que encargó a Gil Morlanes. Finalmente, Segura volvió a la Corona, incorporándose a la Comunidad de Daroca. Fue ocupado por los franceses durante la Guerra de la Independencia.
En los años 30 del siglo XIX, el castillo de Segura de los Baños se encontraba magníficamente conservado. Tal era su estado, que el general Ramón Cabrera decidió hacer de él uno de los principales baluartes del control carlista de este territorio. Para ello, invirtió importantes recursos humanos y materiales.
Fue asediado por el general Espartero en 1840, durante la Primera Guerra Carlista, quién sometió al viejo castillo medieval a un duro ataque con artillería. Aun así, los daños ocasionados no fueron excesivos. Tras la toma del castillo por los liberales, Espartero tomó la lamentable decisión de destruir el castillo para que no volviera a ser utilizado por los carlistas. Fueron utilizados 90 quintales de pólvora.
Toma del castillo por Espartero. Todavía se mantiene en pie casi al completo.
El cerro del castillo desde el Oeste.