Recogían en su perímetro el casco viejo de la villa. Partiendo desde el castillo por la calle de Natalio Rivas, c/ de la Iglesia, Rambla de las Cruces, Travesía de la Gloria y otra vez al castillo.
Muy mal estado. Tan solo quedan tres cubos y algunos lienzos entre las viviendas. En nuestras visitas de los años 1997 y 2007 todos estos restos estaban en completo abandono. En el año 2008 la mayor parte de ellos fueron restaurados y recuperados.
Torre de la Vela o de la Carrera, sito en la c/ de Natalio Rivas, en 2025.
La misma torre en el año 2007.
La Torre de la Vela se situaba en la esquina de la cerca en su unión con los muros del castillo, en el ángulo Sureste. Adosados a la torre quedan pequeños restos de muralla. Es una torre ataludada en su base, pero a cierta altura, se convierte en cilíndrica. Dispone de un basamento que sobresale ligeramente del contorno de la fábrica superior, constituido por mampuestos de mayor tamaño. Este basamento se extiende por uno de los lienzos de muralla que parten desde esta torre. Su parte superior queda rematada con una línea de ladrillo, que parece rematar el nivel de la terraza superior. Entre los mampuestos aparecen, a modo de cuña, pequeños trozos de pizarra y esquistos, así como cantos rodados. En el pasado tenía una campana que pesaba 14 arrobas.
Plano de las murallas y castillo de Adra realizado en 1726 por el ingeniero Thomas Warzuzel.
El recinto amurallado tenía forma de hexágono irregular con 475 metros de perímetro y siete torreones en las esquinas, aunque dos de ellos formaban parte del castillo. Quedaba adosado el castillo en el lado Sureste. Cuatro cubos eran circulares y tres cuadrangulares. La fábrica de estas murallas se compone de mampostería y mortero de cal, siendo los mampuestos más voluminosos los que ocupan la base y se van haciendo más pequeños hacia las partes altas. Todo el conjunto se encontraba enfoscado con cal. Contaba con numerosas aspilleras. Tenían siete metros de altura por su parte interior y ocho y medio desde el exterior. El camino de ronda o adarve contaba con anchura suficiente para caminar dos hombres juntos. Hay constancia de dos puertas, la Puerta del Mar, en la actual plaza del Ayuntamiento, y otra situada en la Plaza Vieja (actual Ortiz de Villajos), llamada Puerta de Tierra. La Puerta del Mar en el pasado estaba tan cercana al mar que en ocasiones era batida por las olas, era sencilla, sin adornos y tenía una hornacina con una imagen de la Virgen del Mar. Para que no pudiera ser batida con artillería desde el mar se le había construído un revellín consistente en un grueso muro unos metros delante de ella. El mayor ejército que llegaron a albergar fue el del marqués de los Vélez compuesto por 12.000 hombres y 400 caballos.
Restos de la torre de don Pablo Moya, en la esquina Suroeste del recinto.
Pequeño lienzo que sobresale entre edificaciones modernas en la c/ Natalio Rivas.
La torre de Don Pablo Moya ocupa la esquina Suroeste del recinto, y se conserva un trozo del lienzo de muralla que llegaba al torreón. Ha quedado completamente encubierto por edificaciones, usándose los restos de la muralla como muros de las viviendas. La torre es de planta rectangular, y su fábrica es de mampostería y mortero de cal, siendo los mampuestos más voluminosos en la base.
Cubo del Cementerio, en el extremo Norte del recinto, en 2025.
Cubo del Cementerio, en 1997.
El Cubo del Cementerio, también conocido como torreón de la Olvera, es uno de los restos más relevantes que quedan en pie. Está situado en la esquina Norte del recinto y además de la torre, se han conservado los dos lienzos de muralla adosados a ella. Es un torreón de planta circular, construido a base de mampostería y mortero de cal, siendo los mampuestos más voluminosos en la base. Dispone de un basamento que sobresale ligeramente del contorno de la fábrica superior, constituido por la misma mampostería. Cuenta con pequeños trozos de pizarra, esquistos, y cantos rodados incrustados en su fábrica. La torre aún conserva una sala interior abovedada y una saetera, a un nivel bastante bajo, que defendía el ángulo Norte del recinto amurallado. A mediados del siglo XVII, era propiedad del licenciado Don Tomás de Medina y Alcántara, componente de una de las principales familias de Adra.
Lienzo de muralla de la plaza de Ortiz de Villajos, situada en el interior del Centro de Día.
Lienzo sito en la c/ San Sebastián, enfrente del mercado.
El origen de Adra se sitúa en el siglo VIII a.C., cuando fue fundada la ciudad fenicia de Abdera, convirtiéndose en un excepcional enclave comercial. Si bien anteriormente pudo ser colonia griega. A finales del siglo II a.C. Abdera fue incluida en la provincia de Hispania Ulterior, ya bajo dominio romano. Tras el traslado de la población tierra adentro, la ciudad fue refundada a finales del siglo XV por los Reyes Católicos. Fueron levantadas las murallas por orden de la reina doña Juana I de Castilla en 1505, destinadas a defenderse ante los continuos ataques de piratas berberiscos y de los moriscos del interior de la Alpujarra. Para ello la reina concedió numerosos privilegios. No obstante no fueron concluídas hasta mediar la centuria. Adra constituyó durante los siglos XVI y XVII, época de constantes saqueos y asaltos, una de las piezas claves en la defensa de la costa del antiguo Reino de Granada. Además, se puede considerar que era la entrada desde la costa a las Alpujarras. En el asalto turco de 1620, éstos llegaron a incendiar la iglesia e intentaron llevarse las tres campanas como botín, pero la más grande la abandonaron en la Puerta del Mar al no poder transportarla. En 1739 el marqués de Valdecañas informa de que se precisan reparaciones en la muralla con un coste estimado de 14.000 reales. A comienzos del siglo XIX el recinto amurallado había sido superado por un notable arrabal. En un informe anónimo fechado el 2 de noviembre de 1807 se anota que el castillo de Adra se hallaba retirado unas 500 varas del mar, por lo que se aconsejó situar una batería en el paraje inmediato. Tras la Guerra de la Independencia, debido a la posición del castillo con respecto al mar, se aconsejó para la defensa la construcción de una batería en la Peña de Quiroga. En 1830 Mauricio Rodríguez de Berlanga aconsejó la conservación del castillo a pesar de la construcción de este nuevo elemento defensivo en la Peña de Quiroga. En 1849 Miguel de Santillana, capitán general de Granada, aconsejó el reemplazo del castillo de Adra por otra fortaleza en mejor posición e indicó que se había iniciado un expediente para el abandono de esta fortificación, siendo demolida en 1873.