La gran basílica de la Asunción se levantó sobre las ruinas del antiguo castillo, cuyos restos han quedado adosados a la parte meridional del templo.
Tan solo ha quedado un lienzo de 90 m con tres cubos y la parte inferior del campanario, que fue la torre del Homenaje. El lienzo está adosado a las paredes de la basílica encerrando un pequeño recinto que fue utilizado como cementerio, hoy patio ajardinado.
Exterior e interior de la puerta. Este cubo no conserva vanos ni almenas.
El recinto amurallado tiene su entrada justo en la esquina occidental de la basílica. Se cubre con arco de medio punto adovelado que descansa por un lado en la esquina de la basílica, y por el otro lado, con uno de los cubos de la cerca. El intradós del arco se haya adornado con casetones cuadrados dentro de los cuales figuran unas rosetas de variado diseño, características del gótico isabelino en el siglo XV. En la clave aparece el escudo del pueblo. En la parte interna de la entrada se conservan las gorroneras de las puertas. Hoy día (septiembre 2026) está cerrada por una artística reja que solo se abre en momentos puntuales.
Lienzo Sureste. Se aprecia su escasa altura, tanto en el exterior como en el interior del recinto, pues los dos lugares fueron rellenados.
Esta muralla, reforzada con numerosas aspilleras y diversas troneras, encerró el patio del castillo. En el exterior contó con foso, hoy rellenado y convertido en calles y aceras. Esto queda evidente porque las aspilleras quedan a un nivel muy bajo. También se evidencia la escasa altura de la muralla y de los cubos. Cuando el recinto perdió su función de cementerio en 1700, también se rellenó hasta igualarlo con el nivel de la basílica, con lo que la muralla todavía ha quedado con mucho menos altura, casi hasta el nivel del adarve. La muralla conservada tiene unos 90 m de longitud, reforzada con tres cubos circulares en sus tres esquinas. Toda la obra tiene una fábrica homogénea, con mampostería de piedra arenisca y sillería para los ángulos, cubos, almenado y huecos de troneras. Los materiales están muy afectados por la erosión.
Cubo meridional. Al exterior se aprecian las troneras al nivel del suelo. Pero en el interior, el suelo queda al nivel del adarve.
Cubo Suroeste.
Interior de la muralla.
Se considera que la torre del Homenaje llegaba hasta el tercer piso actual del campanario, hasta la ventana con arco de medio punto. Muy tenue, se puede observar el cambio de aparejo.
Aspilleras en el muro Norte de la basílica.
El territorio donde se encuentra Villanueva fue conquistado por los cristianos a partir de la toma de Cuenca en 1177 y de Alarcón en 1184. En el año 1297 se aprobó la cesión de la tierra de Alarcón a don Juan Manuel, con lo que conseguiría más adelante ser señor de un territorio inmenso en el que se incluía Villanueva de la Jara. Se cree que fue don Juan Manuel quién creó y repobló Villanueva de la Jara. En 1445, como consecuencia de la batalla de Olmedo, el rey Juan II le concedió el marquesado de Villena a don Juan Pacheco, y a su muerte en 1474 lo heredó su hijo Diego López Pacheco quien defendió la causa de Juana la Beltraneja, razón por la cual se enfrentó a los Reyes Católicos.
Esta muralla debió ser levantada por el marqués de Villena, don Juan Pacheco, a mediados del siglo XV.
Ante los abusos del marqués, Villanueva de la Jara se rebeló en 1475, consiguiendo privilegio de villazgo de manos de los monarcas el 8 de julio de 1476. Pero don Diego, que no aceptó esta situación, envió en enero de 1477 al joven señor de Montealegre y algunos capitanes suyos a realizar incursiones por estas tierras perdidas, ocasionando la muerte de un buen número de vecinos, como en el caso de Villanueva de la Jara. En 1479, tras otro saqueo por parte de la gente del marqués a la población de Villanueva, Carlos de Arellano que se encontraba en San Clemente salió a perseguir a los saqueadores, pero cayó prisionero de las fuerzas de Hernando del Castillo, que lo mantuvo preso en Alarcón. Tras la guerra, las aldeas de la tierra de Alarcón que tomaron partido por los Reyes Católicos, y se apartaron del marqués de Villena, quedaron eximidas de su jurisdicción e incorporadas a la Corona, que les concedió el privilegio de villazgo. Los Reyes Católicos tuvieron bastantes deferencias con la población de Villanueva de la Jara por su inquebrantable adhesión a su causa y trataron siempre de resolver los problemas y quejas que acontecían en la villa.