Se sitúa junto a la carretera de Cervera del Río Alhama, a tres km al Norte de Aguilar, justo en el límite municipal. En la margen derecha del río Alhama, casi rodeada por un meandro. Tiene buenos accesos y su visita está regulada turísticamente.
Desde principios del siglo XX hasta la actualidad se están llevando a cabo constantes trabajos de excavación y restauración. Se cree que hasta ahora solo se ha sacado a la luz el 10% de la ciudad.
Impresionante foso excavado en la roca, reforzado por una muralla con grandes torreones.
Puerta Norte, defendida por dos grandes torreones de planta circular.
Muro Norte, en el que han aparecido cinco torreones circulares de momento.
La ciudad se levanta sobre dos montes, uno más alto que otro y separados por una vaguada. La mitad occidental de su perímetro está protegido por un acantilado natural de gran altura vertical (hasta 50 m de altura) sobre el cauce del río, que no hace necesarias las defensas en este lugar. La otra mitad de la ciudad está rodeada por una espectacular muralla y un foso cuya unión crea un dispositivo defensivo de características únicas para su época. La ciudad cubre una superficie aproximada de 12 Ha y la muralla tiene una longitud de 1.500 m. El impresionante foso de casi 700 metros, y una anchura de entre 7 y 9 m y una profundidad que, en muchos puntos, alcanza los 8 m, añadiendo los enormes torreones romanos, dan clara muestra de que fue una ciudad creada para la guerra defensiva. Destacan las murallas romanas pero fueron construídas sobre otras previas celtíberas que son menos visibles. Para asegurar el suministro de agua y no depender del exterior en caso de un largo asedio, realizaron unas obras excepcionales. Elaboraron dos obras que comunicaban el interior de la ciudad con el nivel freático del río Alhama. Una de ellas está en la zona Sur, de la que se conservan la entrada y los primeros metros. La segunda, en la zona Oeste, puede verse en su integridad, después de su acondicionamiento y excavación. Es un pozo abierto en la roca, al que se accede desde la ciudad a través de una escalera labrada en roca y, en parte, abovedada.
Existen dos puntos en los que se pueden aprecias las murallas, que coinciden con las principales excavaciones.
En la zona Norte (entrada actual para visitantes), además de recuperar todo el trazado de la muralla romana, se ha descubierto seis torreones circulares, estando dos de ellos flanqueando la puerta. Esta puerta fue construida por los romanos reaprovechando otra anterior celtíbera que existía en el mismo lugar. Contó con foso. Esta muralla es el elemento más auténticamente romano.
En la zona Sur se han recuperado restos de cuatro torres rectangulares, aunque se intuyen en otras zonas. Las cuatro torres están separadas aproximadamente por veinte metros, constituyendo un sistema defensivo de torres en serie, destinados a albergar máquinas de guerra. Cada torreón tiene unos 70 m2, con subdivisión interna en dos habitaciones. La puerta Sur se sitúa junto al arranque del foso. Comenzó siendo una simple interrupción en el lienzo de la muralla, pero más adelante fue reforzada, primero por una torre adelantada al Este y después por otra al Oeste.
Existencia de albácares. En los lados Sur y Este, se ha intervenido en dos lugares en los que se han descubierto sendos muros pertenecientes a cercas que acotaban recintos destinados a agrupar y proteger ganado. Aunque fuera de la ciudad, estos espacios están directamente conectados a ella, ya que parte de su perímetro está marcado por el foso y se accede a ellos a través de alguna de las puertas.
Muralla meridional.
Imágenes de los sistemas de captación de aguas.
Contrebia Leucade fue ocupada desde la Edad del Hierro hasta el siglo XI (casi 2.000 años). En un principio este lugar fue ocupado por un poblado de la Edad del Hierro (siglos VI-IV a.C.).
Luego fue una ciudad celtíbera (siglos IV-III a.C.). Se asentó sobre el anterior poblado, pero construyendo fuertes murallas. En el lado Sur, inicialmente la muralla constaba de un muro de un metro de grosor, a cuya cara interna se adosaban torres de planta rectangular dispuestas a distancias regulares de las que hasta la fecha se han documentado tres y restos de una cuarta. De las mismas características, pero de mayor tamaño es la gran torre situada en el extremo Sureste, el punto más elevado de la ciudad. Se han documentado cuatro puertas a lo largo del recinto celtibérico.
Los romanos la ocuparon desde el siglo II a.C. hasta siglo V d.C. En la campaña del 143-142 a. C., fue conquistada por Quinto Cecilio Metelo, y ya se la describe como inexpugnable ciudad. Solo pudo entrar en la ciudad tras un ataque sorpresa que pilló desprevenidos a sus defensores. Uno de los asedios más importantes que padeció fue el de Sertorio, que duró cuarenta y cuatro días y acabó con la rendición de la ciudad. Fue en el año 77 a. C. cuando Sertorio, tras imponerle un largo asedio, la tomó al lograr abrir una brecha en la muralla donde se situaba una de las más importantes torres defensivas, haciendo que ésta se quebrase.
Fue ciudad visigoda (siglos VII-IX). Y luego musulmana (siglos XI-XI), cuando fue abandonada definitivamente.
Puerta Sur.
En el siglo XVIII, los hermanos Domingo Traggia y Joaquín Traggia, fueron los pioneros en el estudio de sus ruinas. Tras ellos, el historiador riojano Ángel Casimiro de Govantes, se interesó por la ciudad, que ya había levantado un gran revuelo entre los historiadores de la época, por delimitar su ubicación. Fue Blas Taracena el primero en señalar estas ruinas como pertenecientes a Contrebia Leucade. Tras una primera visita en 1924, publicó un artículo que puso a este yacimiento en un lugar destacado en la historiografía moderna. En él detalla el perímetro del yacimiento arqueológico y sus elementos más importantes, concluyendo que las ruinas debían pertenecer a Contrebia Leucade, la ciudad celtibérica citada por Tito Livio. En los años 1934 y 1935, realizó nuevas excavaciones en diferentes puntos que reafirmaron sus hipótesis respecto a la identificación de las ruinas. Analizó las características más destacables del sistema defensivo, los elementos de su espacio interior y trazó la secuencia de las diversas ocupaciones de la ciudad.
A las excavaciones de Taracena siguió una etapa de abandono en la que el yacimiento sufrió daños irreversibles: los sillares de la muralla romana se arrancaron, las tumbas de la necrópolis tardía se abrieron y vaciaron, las teselas del pavimento de opus signinum se llevaron como recuerdo y todo el yacimiento fue pasto de aficionados y buscadores de tesoros.
En 1989, fue el profesor José Antonio Hernández Vera quien durante años ha continuado con la investigación, haciendo un estudio exhaustivo de campo y siendo su principal difusor. En la actualidad las excavaciones continúan.
Muralla Norte.