Castillo de Cervera

Sobre la Peña de San Antonio, de 582 m de altura, en el centro urbano. Cuenta con dos accesos, por el Norte y por el Sur, pero ninguno apto para vehículos. Es propiedad municipal.

Muy mal estado. La Peña de San Antonio se alza sobre el propio casco urbano, siendo muy frecuente la caída de piedras y rocas sobre las casas. Incluídas algunas partes del castillo que se han venido abajo a lo largo de la historia. Destaca el derrumbe del llamado Mirador de la Princesa sobre las casas del barrio de Santa Ana en los años setenta del pasado siglo. Se colocaron mallas metálicas protectoras, pero en el momento de nuestra visita (abril 2026) estaban sueltas y liadas debido al viento. En el año 2023 comenzaron obras de restauración en el alcazarejo o zona principal del castillo, (con un costo de 83.000 €) pero se conoce que se interrumpieron, puesto que los materiales de obra aparecen desperdigados y tirados por el suelo.

Frente septentrional. En este sector, con una ladera bastante empinada, es donde se encuentra el albácar.

 

 

 

La peña del castillo se alza en medio del caserío.

Frente meridional.

 

 

 

Puerta de entrada Norte.

Castillo roquero de planta irregular muy alargada, orientada al Este-Oeste. Tiene unas medidas aproximadas de 240 m de largo por 70 de anchura máxima, encerrando una superficie de 8.500 m2. Según los autores, cuenta con cuatro o cinco recintos. A nosotros nos parecen cuatro. Tres recintos, más o menos a la misma altura, en la explanada superior, y un amplio albácar en la ladera Norte. Cuenta con dos accesos, tanto por el Norte, donde quedan restos de la puerta, como por el Sur, donde no queda nada a excepción de un estrecho paso entre las rocas. A las dos entradas se llega después de empinada subida en zig-zag, en parte con escaleras.

El recinto situado al Oeste es el más antiguo. Es muy estrecho y las rocas caen a pico en vertical. Quedan unas paredes de clara factura romana reaprovechadas de una previa torre de vigilancia, y una especie de recinto que pudo ser un albergue para la tropa o un aljibe. Su fábrica son los sillares de buen tamaño, totalmente diferente al resto de fábricas del castillo. La entrada meridional llega hasta aquí.

Muros romanos del extremo Oeste.

Detalle del muro romano en el que se abre una aspillera.

 

 

 

 

 

Camino de acceso desde del Sur.

El siguiente recinto en dirección hacia el Este es el alcazarejo o recinto noble y principal. Está formado por una gran torre del Homenaje y un recinto adjunto. El Homenaje es de dimensiones considerables, planta rectangular (19 x 23 m), y tuvo dos pisos, con un gran aljibe subterráneo. Parte del muro Sur, el llamado Mirador de la Princesa porque existía una ventana geminada, se desplomó sobre las casas del barrio de Santa Ana. Adosado a la parte Este está el recinto, de características similares, con numerosas estancias. En el muro Norte del alcazarejo se alzan dos pequeños cubos macizos de fábrica diferente al resto. El alcazarejo es el lugar donde se han realizado excavaciones y se han consolidado los muros. y también donde se han dejado los materiales de obra desperdigados.

Muro Norte del alcazarejo.

Muro Oeste de la torre del Homenaje.

Interior de la torre del Homenaje, con las obras abandonadas.

Aljibe.

El tercer recinto es el de mayores dimensiones. En su extremo oriental aparecen varios muros repletos de aspilleras levantados durante las guerras carlistas. El acceso principal del castillo se sitúa en este lugar. Estaba defendido por un cubo del que queda algunos restos. Como tantos otros castillos, aquí también existe la leyenda del túnel que llegaba hasta el río o la iglesia o algún sitio parecido, pero es que debajo de unas rocas hay un túnel real, descendente, al que no le pudimos ver el final por falta de iluminación, pero por el que se puede andar un buen trecho.

Y por último, en su ladera Norte, quedan algunos muros del antiguo albácar, lugar donde se refugiaban vecinos y ganados.

Muros carlistas.

Origen celtibérico, luego ocupado por los romanos. El recinto tal como lo conocemos ahora se debe a los musulmanes, vinculado en el siglo VII con la familia visigoda conversa de los Banu Qasi. Fue conquistado en el siglo XI por Alfonso I de Aragón el Batallador, aunque pronto pasó al reino de Castilla, formando parte de la frontera frente a Navarra y Aragón. Entre 1123 y 1132 fue su tenente Pedro Tizón, y en 1151 Don Gutierre. En 1304 Fernado IV lo cedió al infante Alfonso de la Cerda. Años más tarde Enrique II de Trastámara lo donó junto con la villa a Duguesclin, quien cedió castillo y villa, en 1370, a Juan Ramírez de Arellano, quedando así incorporado al Señorío de Cameros. Posteriormente el recinto del castillo sería utilizado como acuartelamiento, por lo menos hasta la Guerra de la Independencia, a partir del cual, y a pesar de usos muy puntuales, se produjo un progresivo abandono que lo llevó a la ruina. Durante las guerras carlistas se eliminaron las almenas y se abrieron numerosas aspilleras. En 2023 comenzaron unas pequeñas obras de restauración.

Las casas del pueblo se encuentran a los pies mismos de la peña del castillo.