Castillo de Caravaca

Sobre un cerro rocoso de 685 m de altura situado al Noreste de la ciudad. Su acceso, señalizado, no reviste dificultad alguna, incluso para vehículos.                                                  

El recinto exterior del castillo se encuentra en perfecto estado, pues fue restaurado a mediados del siglo XX. De las edificaciones interiores apenas queda nada. Tan solo los aljibes (cerrados a las visitas) y un subterráneo en el que aparecen los basamentos del flanco Norte del castillo, con dos torres y una mazmorra. Este subterráneo se puede visitar con la entrada del museo.

La principal destrucción del castillo tuvo lugar en el siglo XVII cuando se construyó el santuario-basílica de la Vera Cruz sobre las ruinas del castillo.

Extremo meridional del castillo. La gran torre cuadrangular Sur es conocida como Torre del Centeno.

Existe un paseo que circunvala el castillo. La plantación de pinos en sus laderas, que ya alcanzan alturas considerables, oculta en gran parte los muros del castillo.

Castillo roquero con aspecto de alcazaba, con planta irregular ovalada y dos recintos, aunque uno de ellos ha desaparecido. Está orientado al Norte-Sur con una longitud de 150 m y una anchura máxima de 75, encerrando su recinto un área aproximada de 7.000 m2. En el flanco Oeste se abre su única puerta, con arco de medio punto, protegida por dos grandes cubos cuadrangulares donde aparecen los escudos del comendador templario Suárez de Figueroa. Las grandes dimensiones de la puerta permiten el paso de vehículos. Tuvo una poterna en el flanco opuesto, ahora desaparecida. Su fábrica es muy homogénea, íntegramente de mampostería con refuerzos de sillares bien escuadrados en las esquinas. Todo su parapeto está lleno de aspilleras.

El número de torres ha variado a lo largo de la historia, sujeto a modificaciones y reformas de diversa índole, pero en la actualidad han quedado 14. Son de variada forma y tamaño, doce cuadrangulares y dos semicirculares más modernas. Algunas de ellas tienen nombre propio. Durante la Guerra de la Independencia se construyó el baluarte triangular del extremo Norte. Al Este, formando parte de la basílica, se encuentra la torre del Homenaje, un tanto disimulada por los edificios adosados que existen. Destaca por sus almenas. Fue construida en el siglo XV por Juan Chacón, por lo que suele ser nombrada como Torre Chacona.

Dentro del recinto existe una gran explanada. Y en el lugar en que se alzaba el segundo recinto del castillo se construyó la gran basílica de la Vera Cruz. Este recinto fue construido por los cristianos y funcionaba a modo de un alcazarejo, como residencia del alcaide o de los comendadores de las órdenes militares. Este desaparecido alcazarejo tenía planta cuadrangular con seis torres, foso, barrera y puente levadizo. En su interior estuvieron las dependencias del comendador y sus criados, la bodega, cocinas, caballerizas, un aljibe y la iglesia de la Santa Cruz.  El claustro de la basílica coincide con el patio de armas. De todo ello, solo han solo han subsistido los aljibes, los basamentos del muro Norte, con restos de dos cubos y la impresionante mazmorra.

Puerta de entrada, flanqueada por dos grandes torres.

 

 

 

Interior de la puerta de entrada.

 

 

 

Caracterizada por una ventana geminada, la Torre de las Toscas defiende la puerta desde el Norte.

 

 

 

Flanco Norte de la Torre de las Toscas.

 

 

 

Baluarte del siglo XIX. Durante su construcción se eliminaron dos de los cubos.

Torre del Homenaje o Chacona.

Torre del Homenaje o Chacona.

Torre de la Vera Cruz.

Torre Nueva.

Extremo meridional del castillo, con la torre del Centeno.

 

 

 

 

Torre de la Campana.

 

 

 

 

Torre de la Campana. Es reconocible por el reloj colocado en su frente y por la Vera Cruz de su terraza.

Explanada.

El segundo recinto o recinto superior tenía planta cuadrangular, con la puerta en el muro Oeste. Se sabe que tuvo seis torres (Homenaje, Vera Cruz, Tribuna, Puerta, Palomar y Enmedio). Estando ya muy deteriorado, en el siglo XVII sobre sus restos se levantó la basílica de la Vera Cruz, como ya hemos comentado con anterioridad. Ha quedado la base del muro septentrional con las dos torres de este lado, la del Palomar y la de Enmedio, de la Cocina o de los Tocinos. Entre este muro y la barrera, en lo que denominamos la liza se abre un agujero en la roca que fue la antigua mazmorra. Todo esto se puede ver en el recorrido del museo. En cambio, los aljibes no. Unos están cerrados permanentemente, y los que se pueden visitar estaban cerrados por obras en el momento de nuestra visita (julio 2025).

 

 

Torre de Enmedio, en el sótano del museo. Al fondo está la base de la Torre del Homenaje.

 

 

 

Torre del Palomar. Se sitúa en la esquina Noroeste del recinto.

Mazmorra.

Este lugar ya fue ocupado por íberos y romanos, y luego, por los árabes. Caravaca de la Cruz tras la invasión musulmana, formó parte de la Cora de Tudmir, gozando de los privilegios de aquel territorio, mientras se mantuvo como una isla cristiana en medio del territorio ocupado por los árabes, independencia que concluyó en el reinado de Abderraman III. De construcción árabe, el castillo fue entregado por el infante Alfonso a Berenguer de Entenza, tras la conquista del Reino de Murcia. Cuando en 1266 tuvo lugar la definitiva conquista del territorio murciano, fue donado a la Orden del Temple, recompensando así Alfonso X el Sabio la ayuda que en esta empresa había prestado el maestre templario Martín Martínez. Fueron comendadores templarios Bermudo Menéndez. Fernando Páez, Lope Pays, Beltrán de Ribasaltas y Juan Yáñez. A finales de 1285 los moros de Huéscar, tomaron por sorpresa el castillo de Bullas, perteneciente a la bailía de Caravaca, lo que motivó que Sancho IV, enfadado, reintegrase Caravaca a la corona castellana, aunque por poco tiempo, ya que la devolvió a la orden hasta su extinción en 1310. En 1344 Alfonso XI concedió el castillo y su población a la Orden de Santiago, en la persona de don Fadrique, su maestre. Cuando desapareció el peligro musulmán el castillo fue abandonado.

A partir de 1617 comenzó a construirse sobre las ruinas del castillo el santuario de la Vera Cruz, inaugurado 86 años después. A mediados del siglo XX fue restaurado, eliminando muchas edificaciones antiguas, como los restos de la iglesia o algunos edificios que habían sido transformados en escuelas.