Castillo de Ródenas

Sobre unas impresionantes peñas erosionadas con formas curiosas, a una gran altura de 1.534 m. Se encuentra a una distancia de 750 m al Norte del pueblo y a 2’5 km de la frontera con Castilla. Para su visita existe un buen sendero que comienza en la parte alta de Ródenas.

Quedan muy pocos restos limitados a muros dispersos entre las rocas. El abandono es total y el deterioro contínuo.

Castillo roquero de planta irregular escalonada entre elevadas peñas. Nido de águilas. Debió ser de reducidas dimensiones debido al escaso espacio existente entre las rocas. Todos los restos que hemos encontrado se encuentran en la parte Norte del lugar. Los muros son de diversas épocas y tienen fábricas variadas. Se cree que los más antiguos son del siglo X. El acceso se realiza desde su extremo Noroeste, a través de montones de escombros procedentes del propio castillo. Luego continuamos zig-zagueando un trecho hasta que el sendero está cortado por desplomes. Parece que queda un aljibe excavado en la roca, pero no pudimos llegar hasta él.

Está a tan solo 3 km de la impresionante fortaleza de Peracense, pero al estar tan cerca de la frontera, en primera línea, sufrió todas las guerras, quedando destrozado. Mientras que, Peracensse, más retirado, las evitó.

Entre las impresionantes peñas de rojizo rodeno podemos descubrir algunos muros del castillo. Debió ser un castillo espectacular, al mismo nivel que el de Peracense, a tan solo 3 km.

Algunos de los muros que todavía se conservan.

Origen musulmán. Se cree que fue el “hisn” (castillo rural andalusí) de Rudinas, citado por Ibn Hayyan (987-1075). Décadas después el también hispanomusulmán al-Idrisi (1099-1165) lo mencionó igualmente como un “hisn”, situado a medio camino entre Medinaceli y Albarracín. En 1142, Ródenas aparece citado en el Fuero de Daroca en la delimitación del alfoz de esta villa. También figura en la Bula de Adriano IV, que confirmaba los límites del obispado de Zaragoza (1158), como una de las poblaciones más relevantes que definían su demarcación. Pocos años después, se documenta que formaba parte del señorío de Albarracín, creado tras la cesión de la antigua taifa a Pedro Ruiz de Azagra (1167), efectuada por Muhammad ibn Mardanis (el “rey Lobo”). Durante algo más de un siglo, fue la principal fortaleza del flanco septentrional de este señorío. Se conocen los nombres de varios alcaides nombrados por los Azagras hasta 1284. Y después por los reyes de Aragón.

El Castillo de Ródenas fue incendiado durante las operaciones militares que permitieron a Pedro III de Aragón la conquista del señorío de los Azagra en 1287. Pero pronto fue reparado (1296) y dotado de un alcaide con su correspondiente guarnición, con una importante asignación económica (1.000 sueldos) procedente de los peajes y otras rentas que el rey obtenía de la Villa de Daroca y sus aldeas.

El castillo de Ródenas fue una de las posiciones que sufrió el embate castellano durante la Guerra de los Dos Pedros, por lo que se multiplicó la cantidad económica asignada hasta 3.500 sueldos durante los años 1363-1366. Esta cifra estaba entre las dotaciones más altas para los castillos cercanos a la frontera castellana, siendo superior incluso a la otorgada a la fortaleza de Peracense y San Ginés. Además, se documenta la existencia de una partida de sesenta almogávares que en 1363 se movían por este territorio y por Daroca, contribuyendo a su defensa frente al poderoso ejército castellano.

Su importancia estratégica parece haberse mantenido durante el convulso siglo XV, pero fue desapareciendo durante el XVI. Cuando en 1610 el geógrafo portugués Juan Bautista Labaña utilizó el castillo de Ródenas como hito de referencia en sus mediciones, la fortaleza ya debía estar en franco declive.

Extremo Noroeste. Aquí está el acceso.