Situado en la cima de un espectacular cortado rocoso, de 536 m de altura, con un enorme dominio visual que abarca un extenso paisaje. A pesar de estar construido junto al mismísimo borde del escarpe rocoso, en la parte opuesta discurre una suave ladera descendente que permite acercarnos al castillo incluso con vehículo.
A pesar de estar en ruinas, todo el castillo al completo se sometió a una consolidación integral en el año 2011.
Puerta de entrada a la torre.
Castillo roquero de planta irregular y reducidas dimensiones, compuesto por una gran torre rodeada de un recinto, a modo de donjon. Ocupa una superficie aproximada de 350 m2. La torre es de planta rectangular (12 x 9 m) y a pesar de que ha perdido todos sus forjados se mantiene sólida y sin grieta alguna. También perdió parte del remate superior que terminaba con cuatro garitones o torreoncillos en sus cuatro esquinas y de los que tan solo han quedado los apoyos. La puerta, con arco apuntado, se abre en el muro meridional, y todavía se conservan los huecos para las trancas y los goznes. Contó con tres plantas, además de la terraza. La planta baja era utilizada como lagar y zona de prensado como lo demuestra la pileta excavada en la roca. A la primera planta se accedía por una estrecha escalera embutida en el espesor del muro. Estaba reservada para las dependencias de los familiares, con sus dormitorios y objetos y documentos de valor. Siguiendo otro tramo idéntico de escaleras se llegaba a la segunda planta, utilizada como sala de armas, y desde esta se tomaba otra escalera de caracol que llevaba a la tercera y última planta en la parte más alta de la torre, en donde había otra estancia que se usaba para cocinar y como zona de descanso de los miembros de la guarnición. Se puede adivinar por donde discurrían los forjados viendo los numerosos mechinales y ménsulas que todavía han quedado en su interior. En el muro Sur se abren dos vanos que daban paso a un desaparecido cadalso de madera que recorría esta cara de la torre de lado a lado.
Interior de la torre. Se distinguen sus tres plantas.
Pileta excavada en la roca destinada a recoger el mosto del lagar que antaño funcionó aquí.
Escalera de acceso a la primera planta.
La torre está rodeada por un pequeño recinto reforzado por dos cubos circulares en el muro Noreste. La liza es muy estrecha. En este estrecho espacio existe un aljibe originalmente abovedado junto a la esquina Este, así como un curioso y estrecho habitáculo en uno de los muros del extremo Oeste de la muralla y que quizás pudo servir como calabozo. La cámara privada del Señor ocupaba el extremo Sureste del conjunto. En ella, y aprovechando un gran desnivel de la roca natural, se habilitó una bodega por debajo del suelo. Aquí destaca una ventana en arco gótico geminado abierta al Sur.
La entrada al castillo se iniciaba cruzando un largo muro de unos 30 m que por el Oeste se une al castillo discurriendo muy próximo al precipicio. Forzosamente había que circular muy cerca del borde, por un terraplén ahora desaparecido, hasta llegar a un doble recodo. Dicho recodo conduce a la torre circular de la esquina Norte, a través de la cual había que flanquear dos puertas dispuestas también en ángulo recto. Una vez el castillo fue abandonado este acceso se deterioró hasta el punto de quedar impracticable, de modo que se hizo un boquete hacia el centro de la muralla Norte por donde las gentes pudieron seguir entrando.
Aljibe.
La referencia más antigua y en la que de forma explícita se indica la existencia de un castillo en Quel data del siglo XV. Se trata de un escrito en el que la entonces señora de la villa, doña Leonor Téllez de Meneses, esposa del noble navarro y señor de Fontellas don Martín de Peralta, vendió su señorío el 30 de abril de 1455 a un nuevo señor, García Sánchez de Alfaro I, que pocos años después ordenó construir una fortaleza, quizás sobre los restos de otra anterior. El señorío de los Sánchez de Alfaro en Quel estuvo marcado por una intensa conflictividad con los vecinos de la villa, a lo que se unió una serie de disputas de índole hereditaria que llegaron a provocar la coexistencia de dos señores al mismo tiempo, algo que finalmente desencadenó la división de la villa en Quel de Yuso y Quel de Suso en 1567. Tal cúmulo de circunstancias, junto a una decadente economía, posiblemente propició una paulatina pérdida de valor y utilidad del castillo, cayendo en decadencia hasta su total abandono. Tras su abandono pasó a ser objeto de todo tipo de pillajes y saqueos, sobre todo en busca de buenos materiales para la construcción como vigas, tejas, piedras y herrajes en general.
El 17 de noviembre de 1971 la Delegación de Hacienda en Logroño lo subastó, siendo adquirido por 19.350 pesetas por unos empresarios que querían desarrollar proyectos turísticos que finalmente no se ejecutaron. Entre los años 2011 y 2012 fue sometido a una excavación integral con una consolidación de todas las estructuras, que costó 800.000 €. Por otra parte, están en proyecto obras de estabilización de la peña del castillo, para evitar la caída de piedras sobre las casas.
A la izquierda asoma el castillo de Arnedo. Y al fondo, el de Quel.