Castillo de Peracense

Sobre unas espectaculares peñas de rojizo rodeno, erosionadas con formas inverosímiles, a una altura de 1.365 m y a una distancia desde el pueblo de mil metros. Está colgado sobre un impresionante risco, sobre un formidable emplazamiento, en el extremo de un espolón rocoso, de considerable altura y pavorosos escarpes. Uno de los más importantes castillos de Aragón, e incluso de España.

En la actualidad (febrero 2026), tras ser restaurado y acondicionado para el turismo, suele estar concurrido. Además del asfaltado de la carretera que facilita su llegada y la señalización indicando su situación.

Pero en el momento de nuestra primera visita (1997), tras la primera fase de restauración, olvidado, sin puertas ni señalización y con una pésima carreterilla, era el signo de la desolación más absoluta.

Flanco septentrional.

El espolón del castillo visto desde el pueblo.

Puerta actual del castillo, situada en el lienzo Norte. Esta puerta fue construida en 1987 para facilitar el acceso, puesto que la pequeña puerta original se situaba unos metros más al Este, al abrigo de las peñas, lugar complicado y dificultoso.

Castillo roquero de planta irregular adaptada al espacio disponible entre las peñas, con tres recintos escalonados y sucesivos. Ocupa una superficie aproximada de 6.700 m2. Cuenta con una sola puerta y una pequeña poterna. En su interior se han habilitado unos pequeños locales como museo, tienda y sala de exposiciones. Y en el patio de armas se hallan expuestas numerosas reconstrucciones de máquinas de guerra hechas a escala. Toda su fábrica son los sillares y mampostería rojizos de rodeno, tallados y extraídos en el mismo lugar.

Es cuanto menos curioso que este castillo, tan cercano a la frontera con Castilla, se haya conservado de esta forma, cuando todos los castillos de la raya se encuentran destruídos, con escasos restos, debido a las constantes guerras, pero Peracense tuvo delante al castillo de Ródenas que le hacía de pantalla y fue el que sufrió la destrucción.

Torre de la esquina Noroeste.

El primer recinto con que nos encontramos está situado en la parte Noroeste del conjunto. Está rodeado por una fuerte muralla, de 3 m de espesor, reforzada con tres cubos de planta cuadrada y diferente tamaño, apenas destacados en altura, situados en el lienzo occidental, junto a la carretera. Todo el muro está almenado y en él se abren numerosas aspilleras. La única puerta del castillo se abre en el muro Norte, pero es una puerta abierta en el año 1987, pues la puerta original era muy estrecha, al abrigo de una enorme roca, y al borde mismo del precipicio. Los guerreros tendrían que entrar de uno en uno, y encorvados después de remontar otra roca. Este tipo de entrada era única en Aragón y digna del máximo interés, pero nosotros ya no la pudimos encontrar. Se conoce que la tapiaron a conciencia. Este recinto funcionaba como la plaza de armas del castillo. En el centro, entre las rocas, hubo una cantera de piedras de afilar en la que todavía se pueden distinguir algunas. En la base del muro Norte hay una hilera de extraños nichos con arcos semicirculares, cuya misión estuvo sujeta a varias teorías, pero la que ha quedado más auténtica es que se trata de pesebres para los caballos. Ahora, esta parte ha quedado en el interior de un pequeño edificio recientemente construido.

Adarve.

Pesebres.

 

 

 

A la izquierda el segundo recinto, y a la derecha, el primero.

 

 

 

Lienzo occidental.

El segundo recinto ocupa la zona Suroeste del castillo. Es similar al primer recinto del que está separado por un muro con varios ángulos. Este muro tiene menor espesor, pero también se corona con almenas y contiene numerosas aspilleras. A este recinto se llega por una puerta con arco de medio punto defendida por un gran cubo cuya planta baja fue utilizada como cuerpo de guardia. La puerta se sitúa al Norte, al cobijo de las peñas. En la base del muro del extremo Oeste, observamos grandes bloques ciclópeos, de factura ibérica, reutilizados durante la construcción del castillo medieval. En su extremo Suroeste se refuerza con un cubo de planta cuadrada (6 m de lado) llamado Torre del Hospital. Su puerta es semicircular con dovelas, muy angosta, y se cubre interiormente con bóveda de cañón apuntado. Ha sido reparada y se puede subir hasta la terraza.

Las defensas son muy escasas en todo su frente meridional debido a la enorme altura que alcanzan las peñas en esta parte. Entre rocas con formas curiosas podemos ver el primer aljibe, que se cubría con una bóveda apuntada y de la que han quedado sus tres arcos fajones, una curiosa sala sin vanos que es conocida como la cárcel y restos de la capilla.

En una grieta, al borde del peñasco del recinto superior, en su extremo Sureste, se abre la otra puerta del castillo. Se trata de una pequeña poterna a la que se llega por empinada escalera. Durante la última restauración se construyó una escalera de madera que ya está inutilizada por el deterioro de los maderos.

Puerta del segundo recinto. Defendida por una gran torre de sillería, que fue utilizada como cuerpo de guardia.

 

 

 

Interior de la torre-cuerpo de guardia. También se especula que pudo ser una capilla.

Muro Norte del segundo recinto.

 

 

 

Poterna. Oculta entre las rocas. Se construyó una zigzagueante escalera de madera, ahora totalmente descompuesta.

 

 

 

 

 

Aljibe.

 

 

Torre del Hospital. Fue reconstruída en 1987. El interior era hueco y se ascendía con escalas de madera. Ahora hay una escalera de piedra.

 

 

 

 

Cárcel.

 

 

Muro Norte del segundo recinto. En su base apreciamos unos sillares ciclópeos ibéricos reutilizados.

 

 

 

Explanada interior del segundo recinto.

 

 

El tercer recinto está situado al Este, es mucho más pequeño y se construyó íntegramente sobre una espeluznante roca de paredes verticales. Especialmente las caras Norte y Este son realmente impresionantes. Su acceso solo puede hacerse por medio de escaleras, antiguamente de madera retirables y, quizá, un puente levadizo, y en la actualidad por una larga escalera metálica. La entrada es una pequeña puerta con arco apuntado que se abre en lo que fue la torre del Homenaje, de la que solo queda su pared frontal, la Oeste, de excelente sillería. Para reforzar la defensa, en la parte superior aparece un pequeño matacán sobre la puerta. Tras cruzar la puerta se asciende por una estrecha escalerilla tallada en la roca, con enjarjes laterales para un rastrillo, que nos conduce al recinto alto del castillo. La primera estancia a la izquierda, hoy cubierta, es el polvorín.

Esta es la pequeña puerta de entrada al tercer recinto.

Tras penetrar en el recinto podemos ver la parte interna del antiguo Homenaje y el hueco de la escalera.

Parte del tercer recinto antes de comenzar su restauración.

Traspasando la puerta llegamos a un diminuto patio. Para continuar, hay otra escalera que salva otra roca, ahora metálica, pero en el pasado también fue retirable. Y traspasando esta nueva puerta, nos encontramos a la izquierda, sobre una roca, un aljibe, y a la derecha, el horno y la mazmorra. Por último, a la derecha y a través de un arquito apuntado recrecido, se accede a las dos últimas estancias, la Sala Mayor y la cocina, cubiertas con bóvedas apuntadas de sillería, que forman ángulo recto entre sí. Es ya en el extremo Este donde se configuran una terraza con otro aljibe. Mientras que por la izquierda llegamos a una azotea de lajas de piedra sobre bóvedas, con un canal central con gárgola en su extremo este que recogía las aguas pluviales, conduciéndolas a otro aljibe en el mismo lugar.

Exterior e interior del muro del siguiente recinto. La escalera se podía retirar para aislar el lugar.

 

 

 

Cruzando la segunda puerta, están el horno y la mazmorra y un aljibe excavado en la roca.

 

 

 

 

Horno.

 

 

 

Todavía queda parte del enlucido original.

 

 

 

 

La puerta de la izquierda da paso a la terraza. Y la del medio, con arco apuntado, es la entrada a la sala principal del castillo.

Sala Mayor. Es la principal del castillo. Tiene 12 m de largo y se cubre con una bóveda apuntada. En el muro Sur se abren dos ventanucos, y en el Norte se encuentra la cocina privada del alcaide.

Cocina.

Fachada oriental del castillo. Por la escalera se desciende a una terraza en la que se ha excavado otro aljibe, éste de planta rectangular.

 

 

En esta zona, último bastión del castillo, se disponían diversas habitaciones y salas de planta irregular, adaptadas a la complicada orografía rocosa del lugar. Todo el recinto superior presenta una compleja distribución, muy propia para la defensa, pues aquí se guardaban las provisiones, los bastimentos y las armas.

En esta terraza, situada al Norte se excavó otro aljibe.

Fue ocupado este lugar a finales de la Edad del Bronce, y luego por los íberos. Y posteriormente por los musulmanes en el siglo X. El castillo fue parte del sistema defensivo de la taifa de Albarracín hasta el año 1170 aproximadamente, cuando el entonces emir de Murcia y señor de la taifa, Muhámmad ibn Mardanís, también conocido como el Rey Lobo, entregó el territorio a Pedro Ruiz de Azagra, señor de Estella. Esto fue un pago al rey navarro por la ayuda que había prestado al emir ante los almohades, quedando en manos navarras y encajonado entre Castilla y Aragón hasta que el último lo conquistó a manos de Pedro III en 1284. En 1284 fue una de las bases de Pedro III durante la conquista del señorío de Albarracín. Entre 1302 y 1317 fue su alcaide Juan Ximénez de Urrea. A su muerte, fue vendido junto con la cercana Almohaja a la Comunidad de Daroca. Con toda probabilidad, las grandes obras de reforma y ampliación del castillo (que seguramente conllevarían la total construcción del recinto exterior) se realizaron a mediados del siglo XIV, con Alfonso IV y Pedro IV. De esta época se conocen los nombres de los alcaides Gonzalo Fernández de León (1370) y Pedro Martínez (1373). Se convirtió en uno de los puntos fuertes de la frontera con el Reino de Castilla.

 

En el siglo XV, fue convertido en cárcel de la Comunidad de aldeas de Daroca para sufrir después un periodo de desgaste y abandono. La Comunidad de Aldeas de Daroca nombró sus alcaides hasta 1702. Fue reocupado en 1830-1833 durante la Primera Guerra Carlista por un destacamento militar liberal, el cual lo adaptó y reconstruyó parcialmente para adaptarlo a las necesidades de la artillería, lo que alteró los lienzos de la muralla y eliminó edificios interiores. A partir de ese momento se utilizó como cantera y almacén de materiales para construcciones de las proximidades.

Es en 1987 cuando la Diputación General de Aragón, dado el interés que suscitaba por su singularidad y el peligro que corría, acometió las primeras obras de restauración, según el proyecto del arquitecto Pedro Ponce de León. Desde 2014, la gestión y dinamización turístico-cultural es desarrollada por la empresa Acrótera Gestión del Patrimonio, por concesión del ayuntamiento de Peracense, propietario del monumento.