A tan solo un kilómetro al Noreste de este pequeño pueblo, sobre una colina amesetada de 829 m de altura. En su vertiente septentrional se alza la ermita de la Virgen de Guadamejud, por lo que suele estar concurrido y con buen acceso.
Desaparecido por completo. No obstante, abundan los fragmentos cerámicos en superficie.
Flanco Suroeste, el más escarpado. Este lugar está lleno de anfractuosidades, formando huecos, cuevas y formaciones irregulares en la roca.
Tradicionalmente, se toma por castillo a la estrecha cresta rocosa de la izquierda, en la que apenas hay espacio y en la que se abre una cueva-eremitorio, que también pudo ser utilizada con fines defensivos. El castillo debió estar en el otro lado, mucho más amplio.
Cueva cerrada con un muro y puerta de acceso a la misma en el lado opuesto.
Castillo roquero de planta irregular, aunque semeja un triángulo equilátero, con una prolongación rocosa muy estrecha en su vértice Oeste, cortada artificialmente cuando se construyó el camino de la ermita en 1883. Le hemos calculado una superficie aproximada de 4.800 m2. El espacio del castillo ahora está ocupado por una plantación de almendros abandonada. Los lados más escarpados son el Suroeste y el Sureste, mientras que el lado Norte es una ladera de pendiente suave. Ha sufrido mucho la erosión de siglos y, también, la mano humana, que ha excavado, aumentado y prolongado las cuevas y huecos. Parece que en su primitivo origen las cuevas fueron utilizadas como eremitorios visigodos, pero con seguridad, serían utilizadas después con fines defensivos. Y mucho después, como aprisco de pastores y palomar, como muestran los numerosos nidales excavados en sus paredes. En las espectaculares rocas del Oeste existe una cueva que se cierra con un muro de mampostería, y en lado Sureste, otra.
Debe su nombre al rey moro Ahmed-Hud, quién intentó independizarse de la Kora de Santaveria.
Cueva del flanco Sureste.
El corte en la roca se realizó para construir el camino de la ermita.