Castillo de Chirel

Se sitúa sobre las montañas del Cinto del Castillo, a 621 m. de altura, en lugar solamente accesible por la vertiente Oeste y rodeado por el río Júcar que pasa al pie de despeñaderos de 300 m. de altura. La distancia en línea recta con respecto al pueblo es de cuatro kilómetros, pero por carretera puede llegar a los catorce, debido a las aguas del pantano que obligan a un gran rodeo. A pesar de tan recóndito lugar, su acceso no reviste especial dificultad, al estar perfectamente señalizado, quizá demasiado señalizado, tanto para llegar con vehículo como luego para seguir andando hasta él. Dominaba todo el tránsito por la vía fluvial del río Júcar y constituye un ejemplo de emplazamiento defensivo perfectamente integrado en su entorno.

Mal estado. Hace unos años se comenzaron unas obras de restauración que se abandonaron sin terminar. A la degradación de sus muros y elementos hay que añadir el material de obra desperdigado e inutilizado en muchas partes del castillo. El castillo de Chirel es lugar muy frecuentado por senderistas y curiosos, por lo que está sometido a fuertes presiones humanas que aumentan su deterioro. Sería muy conveniente que se retomaran las labores de restauración.

Torre Suroeste. De gran robustez, presenta una curiosa planta pentagonal y la entrada en altura, a través de un desaparecido forjado. Para penetrar al castillo había que rodearla casi por completo estando expuestos a su fuego constantemente. En la imagen inferior se muestra su interior.

 

Impresionante castillo roquero de grandes dimensiones y planta irregular. Se ha dicho que su planta es triangular, pero a nosotros nos parece que simula una punta de flecha. Viene a ocupar una superficie de 1.270 m2. El castillo se alza defendiendo el punto más accesible de una colosal muela en cuya cima aplanada estuvo en otra época la desaparecida población de Chirel. Se sitúa, por tanto, en el extremo Oeste de dicha muela. El resto presenta cortados en la roca verticales de mucha altura. Hasta los 300 metros de caída en la parte meridional, la que da al río Júcar. Evidentemente, no hacían falta defensas en estas zonas. Toda la capacidad de disuasión y amenaza se concentra, a través de este castillo, en el punto más débil, el único punto por donde podía ser atacado.

 

 

 

Extremo Suroeste.

Entrada principal. Presenta arco apuntado al exterior y escarzano al interior. Conserva el hueco para bajar el rastrillo y las gorroneras para las puertas y la tranca que la aseguraba. Fue construída dejando el flanco derecho del atacante a merced del fuego realizado desde el antemuro, según el principio vitrubiano. Es defendida por la enorme torre del Homenaje a su vez. Tras cruzar la puerta hay que girar 180º y continuar a lo largo de toda la liza, estando expuestos a recibir disparos por todas direcciones. Sobre la clave del arco aparece el escudo de los barones de Chirel.

El castillo está formado por dos alas o sectores que tienen como punto de unión la torre del Homenaje, al Norte. En la parte Sur, ahora existe un gran hueco que cae al abismo. Ignoramos si esto ha sido siempre así o es producto de algún derrumbamiento que arrastró en el pasado las construcciones que hubieren en este lugar. El sector más impresionante es el que va desde el Homenaje hasta la torre Suroeste, con una torre intermedia en la cortina que las une, antemuro con la misma estructura y la puerta principal. En la liza, junto a la torre Suroeste, aparece otra puerta, gemela a la principal, que vuelve a impedir el acceso. Es decir, para entrar en el castillo hay que atravesar la primera puerta, recorrer toda la liza para llegar a otra puerta, y luego rodear al completo la torre para llegar al patio, estando sometidos al fuego de los defensores durante gran trecho. En este sector estuvieron las dependencias palaciegas, parte de la capilla, almacenes, cuadras, subterráneos, cámaras en sus torres, como la sala del Homenaje, restos de vigas y artesonados, de ventanales y puertas. Desgraciadamente, la mayor parte de estos elementos se han perdido.

La otra ala se dispone en dirección Norte-Sur, con un grueso muro simple que llega hasta una gran sala de aspecto señorial, donde quedan restos de la chimenea y de la puerta y una ventana de gran belleza. Es posible que tuviera edificios adosados, pero debieron ser de madera, pues actualmente, nada queda de ellos. Junto a la torre del Homenaje se abre otra puerta similar a las anteriores que da acceso a la puebla. En medio de la cortina aparece otra torre y todo este flanco cuenta con un foso excavado en la roca.

Torre del Homenaje.

El material constructivo nos permite remontarnos a la tradición musulmana y los modelos estilísticos a la arquitectura gótica. La fábrica está compuesta por tapial y obra de mampostería en sus lienzos, utilizando ladrillo para la cubrición de algunas estancias. Pero una de las señas identitarias de esta construcción es el gran uso de piedra sillar, incluso de la más labrada y de mayor calidad, cosa  poco frecuente en otros castillos de esta misma zona, todos ellos de origen y desarrollo netamente musulmán.

Salas interiores de la torre del Homenaje.

 

 

Sector Norte visto desde el interior de la puebla.

Puerta situada en la liza. La segunda que nos encontramos para penetrar en el castillo.

Puerta de acceso a la puebla.

 

 

 

Interior de la zona Suroeste.

Exterior e interior de la torre de la cortina Este.

Gran edificio situado en el extremo Sur del ala Este. Presenta unas bellas puerta y ventana, y restos de la chimenea.

 

 

 

 

Interior del torreón del ala Noroeste.

 

 

El castillo visto desde el interior de la puebla, desde el Este. Se observan todos los materiales de obra abandonados tras dejar las obras de restauración a medias.

Aunque se han encontrado restos ibéricos y romanos en su interior, el origen de esta fortaleza y de la villa es islámico. Tras la conquista de los hombres de Jaime I continuó habitado principalmente por moriscos. Fue un castillo islámico en origen, reformado en el siglo XV, siendo todos los restos actuales cristianos. Fue construído por el rey Alfonso de Aragón el Viejo, para controlar todo el valle del Júcar. En 1609, con el decreto de expulsión de los moriscos, éstos se rebelaron, refugiándose en las anfractuosidades de la sierra. El castillo de Chirel fue uno de los principales sitios fuertes en que se refugiaron. Tras la pacificación del territorio morisco, la fortaleza fue perdiendo importancia estratégica y quedando marginada en una zona geográfica muy poco poblada, y su abandono y ruina fue aumentando progresivamente. Parece ser que fue destruído en el terremoto de 1748, que tuvo su epicentro en Enguera, el mismo que destruyó el castillo de Montesa. Perteneció al barón de Cortes.

 

 

 

Estrecho paso por la liza.

En lo que fue la puebla, todavía se pueden observar algunas construcciones, montones de escombros y gran cantidad de cerámica en superficie.

Imagen tomada desde el Sureste, desde la carretera que asciende a la balsa de la muela.