Castillo de Arnedillo

A la entrada del pueblo desde el Norte, defendiendo un puente que cruza el río Cidacos. El castillo es de propiedad municipal.

Muy buen estado. En el año 2021 se acometieron obras de conservación a fin de estabilizar y restaurar el edificio. Costaron 110.000 € aportados por el gobierno autonómico. Se habilitó incluso el acceso, por medio de una pasarela de madera.

Estado del castillo antes de su restauración.

El castillo es más bien una torre con un lienzo adosado que asciende hacia la montaña. La torre tiene una estructura peculiar, pues posee planta cuadrada en el exterior, pero irregular en el interior. Contó con cuatro plantas como muestran los mechinales. Dichas plantas se encuentran iluminadas por varias aspilleras, aunque sobre ellas predomina una ventana de mayores proporciones en el tercer piso, cuadrada y con dintel de madera. Dicha ventana daba cobertura a un cadalso de madera desaparecido, aunque se pueden observar todavía las dos filas que la madera empotrada recorría en el muro de la torre. Su puerta de acceso, orientada hacia el Oeste, es de reducidas dimensiones, por lo que hay que entrar agachados. Se desconoce el remate superior ya que le falta altura. además del lienzo que continúa por las rocas, existe el arranque de otro que se dirige hacia el Sur. Toda su fábrica es la mampostería.

Interior de la torre.

Su construcción es probablemente del siglo X y su función sería la de vigilar el paso entre el alto valle del río con la tierra de Arnedo. El castillo es mencionado por primera vez en un documento datado en 1170, mediante el cual el rey Alfonso VIII donó la villa de Arnedillo y el castillo que dominaba la Lomiella al obispo de Calahorra, don Rodrigo de Cascante.

En el siglo siguiente, más concretamente hacia 1223, la villa de Arnedillo es objeto de trueque entre el nuevo obispo de Calahorra electo, Juan Pérez de Segovia, y su cabildo. Este último cedió las villas de Arnedillo, Cova, San Pedro de Yanguas (San Pedro Manrique) y las tercias de Haro, mientras que el obispo otorga al cabildo las tercias de Arnedo y las cuartas decimales de San Vicente de la Sonsierra y Laguardia, junto con sus respectivas aldeas.​ Este hecho supuso una serie de revueltas populares, teniendo una mayor trascendencia las de 1232. En dicha insurrección, los habitantes de Arnedillo se alzaron contra el obispo Juan Pérez, y con el alcaide que este había designado para custodiar el castillo. No reconocieron la autoridad de ambos, llegando las protestas hasta las puertas del palacio y castillo. Este conflicto llegó a oídos del rey Fernando III, quien envió a tres personajes para que realizaran averiguaciones sobre los hechos acontecidos: un monje del monasterio de San Millán de la Cogolla, el alcalde de Calahorra y su hermano, hombre del rey. Hicieron jurar a todos los testigos e implicados en el percance para que relatasen la verdad. El desenlace fue la confección de un juramento en el que el pueblo de Arnedillo se comprometía a reconocer las autoridades del obispo y del alcaide. Obtuvieron, de este modo, el perdón del señor de la villa, no sin antes hacer homenaje a los caballeros del concejo y pagar una multa de 300 maravedíes para cubrir los perjuicios causados. ​

En el documento de compraventa que se redactó después de la obtención de heredades por parte del obispo Jerónimo Aznar en marzo de 1247, se menciona a Gil Domínguez como alcaide del castillo.

Otro conflicto surgió el 7 de enero de 1328, cuando un grupo de canónigos se presentó ante el obispo de Calahorra, que por entonces residía en San Millán de la Cogolla, para pedir que resolviera la ilegítima situación que se estaba viviendo en el castillo por entonces. La queja se refería a que don Pedro Ochoa de Ciuvarri había decidido adueñarse del edificio, bajo el respaldo del señor de Cameros, don Juan Alfonso, y sus hijos. El verdadero puesto de alcaide del castillo le correspondía al arcediano de Calahorra, quien recuperó finalmente su posición después de la intervención del obispo.​

En 1428, se menciona a Fortín (o Fortún) Ochoa como alcaide del castillo.​ Aún bajo la influencia de la diócesis de Calahorra, una de las funciones del castillo fue la de prisión. La torre del edificio albergaba, desde el siglo XVI, a prisioneros que, por lo general, eran monjes rebeldes. En el año 1575, se realizó un inventario de la cárcel por mandato del entonces alcaide, Francisco de Xureta y por el «juez carcelero», Francisco Fernández. En dicho informe se recogieron instrumentos como llaves de grandes puertas de hierro, dos caños de escopeta, grillos de hierro, un cepo y una cadena. En el año 1545, Juan Fernández de Chaoz tomó la alcaidía del castillo de Arnedillo, siguiendo un ritual que parecía común para todos los que accedían al puesto. El nuevo alcaide hacía un juramento con la mano derecha en una cruz, y luego el teniente de alcalde le concedía una vara de justicia. Finalmente, se dirigían al castillo para llevar a cabo el relevo con el alcaide anterior, quien debía de entregar las llaves.

En el siglo XIX, los señoríos episcopales fueron abolidos por las Cortes de Cádiz, y la influencia del obispo sobre la zona desapareció. En consecuencia, el castillo pasó a denominarse Castillo Lombera, y sus inmediaciones se comenzaron a emplear como cementerio, espacio que sigue siendo destinado a ello hoy en día. ​

Al menos desde el siglo XIII al XVII se conoce que había en las inmediaciones del castillo un palacio, en el que el obispo y demás personajes de importancia se albergaban temporalmente durante las visitas. Se estima que el palacio ocuparía el espacio hoy reservado para el cementerio, pero no se conserva descripción alguna del edificio pues, al parecer, a mediados del siglo XVIII ya se encontraba en estado ruinoso.