Castillo de Vélez-Blanco

El castillo se levanta altivo al Oeste del caserío, sobre un monte de 1.139 m de altura. Presenta accesos señalizados y aparcamiento para vehículos, puesto que está habilitado para su visita turística.

Después de estar en la más completa ruina, comenzó un largo proceso de recuperación en la década de los sesenta del siglo XX. Proceso que todavía continúa. En el momento de nuestra visita (enero 2026) ni la torre del Homenaje ni la mitad septentrional del castillo se podían visitar debido a que las obras de restauración no habían finalizado todavía. Según nos indicaron era inminente la recuperación del patio renacentista, con la colaboración de la Asociación de Empresarios del Mármol de Andalucía y el gobierno autonómico.

Este castillo sufrió uno de los procesos mas vergonzosos de nuestra historia, cuando a partir del siglo XIX fueron vendidos muchos de sus elementos, como el impresionante patio de mármol, los frisos y artesonados de madera, la escalera y las ventanas, los pavimentos, la monumental puerta de bronce, los cañones, que fueron utilizados para fabricar campanas, y gran número de sillares reutilizados en otras construcciones.

Castillo palaciego de estilo renacentista, de planta irregular, con dos recintos separados pero unidos por una pasarela de madera que contó con un puente levadizo. En la actualidad la pasarela es metálica y está jalonada por dos grandes arcos de piedra, a diez metros de altura.

El recinto meridional, con gruesos muros, ocupa un área aproximada de 800 m2. Es la zona militar y de servicios, con almacenes, caballerizas, cocinas y dependencias de los criados del marqués.

En cambio, el recinto septentrional es la zona palaciega, con 1.300 m2 aproximadamente. Este recinto está dominado por la impresionante torre del Homenaje y todas sus dependencias giran en torno al patio de armas, hoy esquelético pero en el pasado integramente de mármol.

Diversas imágenes del recinto militar y de servicios.

Lienzo Sur, en el que se abren cuatro aspilleras circulares.

 

 

 

En el muro oriental existen modillones que sustentaron un desaparecido piso.

Impresionantes arcos que sustentan la pasarela de entrada al castillo.

El castillo tiene planta de hexágono muy irregular. Esta forma se adapta a las irregularidades del terreno, creando ángulos para proporcionar mejores defensas en caso de asedio. Este tipo de estructura es típicamente musulmana, por lo que probablemente se aprovechó la planta del alcázar musulmán preexistente cuando se levantó el castillo. La fachada principal del castillo está orientada al Sur. Conserva una portada adintelada con el escudo nobiliario de don Pedro Fajardo, marqués de los Vélez. En los lienzos exteriores también se aprecian los escudos de las familias Fajardo, Cueva (Mencía de la Cueva fue la segunda esposa de don Pedro Fajardo) y Silva (Catalina de Silva fue la tercera esposa del primer marqués). También llama la atención un muro en talud cubierto por un arco que sostiene una estructura de madera para aislar el acceso a la torre de Homenaje y la torre albarrana de la Yedra. En el lado Norte se aprecia la existencia una poterna a tres metros encima del nivel de las rocas, hoy comunicada con una escalera metálica. En el lado Oeste se aprecian varias letrinas. El castillo de Vélez está construido con sillares de toba o travertino y caliza. Los dos tipos de roca fueron obtenidas en canteras cercanas. Probablemente del paraje conocido como las canteras y de la entrada al pueblo de Vélez-Blanco. 

 

 

 

 

 

 

 

Puerta de entrada al castillo.

 

 

 

Muro ataludado.

Poterna.

Toda la construcción está dominada por la Torre del Homenaje, de planta cuadrada, que constituye una estructura defensiva independiente dentro del recinto y que estaba preparada para aislarse en caso de asedio, por ello tiene un aljibe en su base. Esta torre, de casi veinticinco metros de altura, servía también para coordinación de la defensa del castillo, pues controlaba el acceso a los adarves del recinto. De base macizada en piedra y estructura por pisos, contaba con escaleras desmontables en madera, que podían eliminarse en caso de peligro aislando su nivel superior como último lugar de defensa.

Letrinas.

El patio del castillo es de planta trapezoidal, con una entrada lateral en recodo que recuerda una estructura constructiva musulmana que, con este tipo de puerta, evita la visión directa del interior desde el vestíbulo. Destaca la rica decoración escultórica que presentan los intradós y las enjutas de los arcos rebajados, así como en las cornisas, los pilares de la balaustrada, los capiteles y sobre todo los marcos de ventanas y puertas. En ella abundan los grutescos, figuras fantásticas que combinan elementos animales y vegetales, propios del arte de Italia del “Quattrocento”.

En el lado Sur del patio, el más corto, corría una doble galería de cinco arcos rebajados y, en ese mismo lado, estaba la entrada principal del patio, junto a la que se ubicaba una sencilla escalera de mármol que daba acceso a la segunda planta, en la cual, una suntuosa portada de mármol daba acceso a los salones nobles del castillo, conocidos como del Triunfo y la Mitología, pues estaban decorados con frisos de madera en los que se representaban en bajorrelieve el triunfo de César y los trabajos de Hércules. Estos bajorrelieves se encuentran actualmente en el Museo de las Artes Decorativas de París.

La pared Este, sin arcos ni puertas, terminaba en la segunda planta en una galería de seis arcos que coincidían con los arcos de la fachada, conformando una galería cubierta desde la que se podía ver, a un lado, el patio de honor y al otro, la extensa vega de Vélez Blanco.

La pared del Oeste tenía tres pares de ventanas con marcos de mármol ricamente decorados.

Y la pared Norte está constituida por la Torre del Homenaje, siendo un muro completamente liso, en el que únicamente existe una pequeña ventana y debajo de ésta, un escudo de armas.

 

 

 

Lado Sur del patio en la actualidad.

 

 

 

Lado Sur del patio original, situado en el Museo Metropolitano de Nueva York.

 

 

 

 

Galería mirador en la actualidad.

 

 

 

Galería mirador en los años 60, antes de comenzar la restauración.

Una de las características más prominentes del patio era la inscripción grabada en letras mayúsculas que corría a lo largo de la cornisa y en la que se proclamaban el nombre y títulos del fundador, así como la fecha de construcción del castillo. Todo el conjunto decorativo del patio se elaboró en mármol blanco de Macael. Tanto los elementos arquitectónicos como escultóricos reflejan el refinamiento del primer Renacimiento italiano de finales del siglo XV y principios del XVI, creados por artistas lombardos que introducían habitualmente motivos de animales y fantasía. Otro detalle singular del castillo es la proliferación de elementos decorativos en él, como las características esferas que aparecen rematando sus almenas.

Un elemento inconfundible tanto desde el exterior como desde el interior es el amplio mirador de varios arcos con detalles decorativos góticos o bajomedievales. Para impermeabilizar este espacio se usó una cubierta de plomo y teja. Desde el mirador se obtenía una extraordinaria panorámica hacia el pueblo, la vega, el monte de la Muela y la tierra de frontera del antiguo reino de Murcia con el castillo de Xiquena a lo lejos.

Galería mirador.

Pavimentos originales.

Salones del Triunfo y la Mitología. En estas salas se encontraban los diez  frisos de madera.

Uno de los muchos frisos expoliados.

Lo que queda de la cornisa.

Imagen antigua en la que se muestran elementos de la cornisa.

Torre albarrana de la Yedra.

El castillo fue construído por el Adelantado de Murcia, Pedro Fajardo y Chacón, tras su nombramiento como marqués de los Vélez por los Reyes Católicos. Cuando Pedro Fajardo se instaló en Vélez-Blanco, fijó allí la sede de su nuevo señorío y emprendió la construcción de su castillo-palacio sobre los restos de una antigua e importante alcazaba islámica que se levantaba en el cerro que domina la villa. El objetivo del marqués de los Vélez era convertir la villa en el centro de sus posesiones almerienses y el castillo en la sede de una pequeña corte señorial, siendo este un castillo-palacio al estilo de la nobleza castellana de alto rango, pues el castillo se concibió como una fortaleza al exterior, pero con la distribución y funciones interiores de un palacio. En 1506 comenzaron las obras del nuevo castillo sobre los restos de la antigua fortaleza, que fue destruida casi en su totalidad, conservando tan solo el aljibe que se encuentra bajo el patio. Las obras del castillo finalizaron en 1515 con un costo de 80.000 ducados. Se cree que el autor de la obra fue el arquitecto italiano Francisco Florentino, con la colaboración de Martín Milanés y la supervisión de Francisco Salazar, alcaide del castillo entre 1503 y 1511. En la construcción participaron maestros canteros y carpinteros vascos. En este castillo residieron los Fajardo durante el siglo XVI y hasta finales del siglo siguiente, cuando acabó su línea de sucesión directa. Durante los años siguientes se usó como residencia con cierta irregularidad, albergando al marqués solo algunas temporadas en sus posesiones velezanas por motivos de gestión de las propiedades o de caza.

En el siglo XVIII, aunque el castillo todavía mantenía gran parte de su riqueza decorativa y representaba un símbolo de poder territorial, comenzaron a permitirse el empleo de materiales del castillo en otras edificaciones. Un ejemplo es la construcción de la iglesia en Vélez Rubio, en la que se reutilizaron los cañones de bronce para campanas, y las antiguas cubiertas de plomo de los tejados del castillo. Los descendientes de los marqueses prefirieron el palacio de la ciudad de Murcia y la Corte madrileña. De modo que el edificio y la administración del señorío quedaron en manos de administradores. Algún marqués lo visitó esporádicamente (Fernando Joaquín en el siglo XVII y Antonio Álvarez de Toledo en 1769), pero la mayoría ni lo conocieron. Más aún cuando se extinguió la estirpe de los Fajardo a finales del siglo XVII y el título pasó a los Álvarez de Toledo.

La destrucción del castillo se agudizó en el siglo XIX con la Guerra de la Independencia, debido a la invasión francesa y la guerra. A partir de ese momento fue sometido a toda clase de saqueos y expolios, alterando su distribución interior y utilizándose como vivienda por indigentes. A comienzos del siglo XX se despertó el interés por el castillo dentro y fuera de nuestras fronteras, especialmente por coleccionistas. Ante este interés y el estado de abandono general, a partir de 1904 el XVI marqués de los Vélez, Joaquín Álvarez de Toledo y Caro, vendió por 80.000 pesetas, el patio renacentista al anticuario francés J. Goldberg. El deseo de los marqueses de disponer de fondo monetario, la sagacidad de los anticuarios y la inexistencia de legislación de protección concurrieron para que el francés Golberg adquiriera en 1903 los frisos de madera. Al año siguiente, provisto de una buena cuadrilla de operarios, desmontó las preciosidades artísticas del edificio: las galerías del patio, las ventanas, la escalera de subida y las entradas a los salones nobles. Numeradas y ordenadas, viajaron en carreta hasta el puerto de Cartagena. Allí se dio la voz de alarma, pero las piedras siguieron su ruta hacia Marsella y, de nuevo en carretas, hasta los almacenes de París.  En los almacenes de la capital francesa fueron visitados por varios coleccionistas y hombres de negocios. Por ejemplo, a punto estuvo de adquirirlos Archer Huntinton, el célebre amante del arte español que creó la Hispanic Society en América. Finalmente sería el matrimonio de Georges y Florence Blumenthal quienes llegaron a un acuerdo con Goldberg. De nuevo fueron embalados y trasladados a Nueva York donde los ricos y cultos nuevos propietarios estaban levantando una lujosa mansión en la 5ª Avenida. Allí, formarían parte del salón principal a dos alturas, rodeados los mármoles de decenas de piezas artísticas traídas de todos los lugares del mundo. Georges Blumenthal decidió que las colecciones fueran donadas al Museo Metropolitano de la ciudad, del que había sido patrono. De modo que en 1945 se produjo un nuevo desmantelamiento y transporte al citado Museo, que tardaría años en instalarlo en una de sus salas principales.

Emile Peyre adquirió los 10 frisos de madera para el Museo de Artes de Decorativas de París. Fueron olvidados en los almacenes y redescubiertos en 1992. Cuando se localizaron estaban muy deteriorados. Fueron restaurados, estudiados por Monique Blanc y puestos algunos en la exposición permanente. Los artesonados de madera de ambos salones se tallaron con decoración inspirada igualmente en modelos renacentistas. Desde su despojo a comienzos del siglo XX no se conocía el paradero de los mismos. Se sabía que estuvieron instalados en la mansión neoyorquina de los Blumenthal en Nueva York, pero luego se perdió su pista. Investigaciones recientes los han localizado en el Instituto de Cultura Hispánica de la ciudad de México.    Los azulejos de los pavimentos fueron sustraídos y muchos acabaron en manos particulares. El Museo Miguel Guirao de Vélez Rubio conserva algunos, pero la mayor parte se hallan en un el Instituto de Valencia de Don Juan, en Madrid. Finalmente, la puerta de bronce fue vendida a un coleccionista, pero se desconoce su paradero actual. Aun así, se han recuperado algunos fragmentos del castillo, entre los que cabe destacar la gárgola devuelta por la familia Arias.

Las primeras intervenciones de mantenimiento y restauración fueron llevadas a cabo por Francisco Prieto Moreno y su hijo Joaquín Prieto Moreno entre la década de 1960 y 1980. Se hicieron desescombros, se construyó la rampa de acceso y algunos forjados ya que en esos momentos el edificio no tenía ningún tipo de cubierta. Estos últimos más adelante serán derribados porque según los nuevos técnicos estaban mal ubicados. En 1982 los arquitectos Juan Antonio Molina Serrano y Juan Antonio Sánchez Morales tomaron la dirección de las obras rompiendo con las líneas de restauración seguidas hasta el momento. Las obras de restauración del patio de honor se iniciaron en 1994 y se concluyeron en 1998. Tienen como finalidad facilitar el uso del castillo para fines turísticos y actividades culturales. Se recuperaron los volúmenes originales del patio y de las habitaciones vinculadas a él. También se repusieron los forjados desaparecidos que conforman el patio, con una estructura vertical de pilares metálicos de tubo de acero con el fin de servir de eje de anclaje de las piezas que se ejecutaron en la futura decoración.

En 2005, la Junta de Andalucía adquirió por tres millones de euros el castillo al marqués de Valverde, Salvador Ferrandis Álvarez de Toledo, cuya familia había mantenido la propiedad desde el siglo XVI. Actualmente, la Junta de Andalucía tiene un ambicioso proyecto de rehabilitación del castillo con una inversión superior a los 9 millones de euros. En colaboración con la Asociación de Empresarios del Mármol de Andalucía, se va a reconstruir el patio renacentista.

En el año 2019 una investigación del CSIC concluyó que el magnífico artesonado de las salas nobles había sido adquirido en Nueva York y llevado a México por el empresario y coleccionista queretano Nicolás González Jáuregui. El artesonado fue instalado en su residencia bajo la dirección de Luis Ortiz Macedo. Cuando por problemas financieros sus propiedades fueron embargadas, el gobierno lo reconstruyó en el Sur de la Ciudad de México en 1973, en el que hoy es conocido como Instituto Cultural Helénico.